Marcela Romagnoli
Piedras
Desde las canteras al mundo de la piedra
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FLU VOIONMA
La fascinación de Marcela Romagnoli por el mundo pétreo tiene mucho de coincidencia y aventura. A fines del año 2000, la artista comenzó su indagación en la piedra como otro material a utilizar en la escultura. De unos trozos de alabastro recogidos en las canteras del Cajón del Maipo talló su primera obra, bautizada Hombre águila. Quedó cautivada con el material lítico ancestral de la Cordillera de los Andes y emprendió un vuelo nuevo: viajó a Carrara, Italia, con la intención de estudiar escultura en mármol.
Su breve estadía en las canteras más conocidas del mundo, las que Miguel Ángel soñó transformar en una sola escultura colosal para que los navegantes pudieran apreciarla desde lejos al pasar, tuvo dos fructíferas consecuencias. La primera consistió en la traída a Chile de veintiséis toneladas de mármol de Carrara con el fin de ejecutar las esculturas en miras a la exposición en el Museo de Artes Visuales. Una invitación casual que le cursó un escultor vikingo ofreció a Marcela, por otra parte, una oportunidad única para participar en el verano boreal de 2001 en un simposio internacional de escultura en mármol en la ciudad de Osøyro, en Noruega. Un encuentro internacional de escultores dedicados especialmente al mármol en que volvió a participar también el verano del año 2003, 2005, 2007 y 2019.
Su primera obra tallada en alabastro, Hombre águila, realizada el año 2000 es una buena muestra de su tekné o del saber hacer y de sus gustos y preferencias con respecto al acabo de la obra. La adquisición de una nueva experiencia en el uso de herramientas afines, tales como discos de corte diamantados, martillo neumático y sus cinceles en los simposios de mármol en Noruega, dio más elementos y motivos para seguir con este material. El país de los fiordos, también productor de mármol, la conquistó. Se podría decir que con Beso puente, obra realizada el año 2001 en Osøyro, Marcela contribuyó con un sello muy personal a la larga tradición de la escultura en piedra en Chile, que «ha resistido a los dictados que el mundo del arte impone cada día con mayor rapidez, y ha sabido mantener la calma ante la avalancha de información y demandas de la posmodernidad»[1].
Vuelta en su taller de Peñalolén con la vista a la cordillera, el silencio llega y el aire empolvado se despeja solo cuando el ruido de máquinas y herramientas se interrumpe. La escultora se distancia, momentáneamente, en una actitud corporal muy típica suya, del bloque de mármol para ver los avances alcanzados y por alcanzar. Lo observa detenidamente, da vuelta en su alrededor y se acerca nuevamente para marcar con un lápiz por dónde tiene que desbastar más para sacar a flote las formas que parecieran dormir dentro de la piedra. En esto tenemos que recordar que la escultora trabaja directamente el material, sin dibujos o maquetas previos. Sin delegar el tallado.
El recorrido a través de los primeros diez años de producción artística de Marcela Romagnoli culminó en la exposición «Amantes en calce» del Museo de Artes Visuales, en la Plaza Mulato Gil de Castro de Santiago, en 2004. La muestra pretendía ser, según la escultora, «una intensa búsqueda de la pareja, del deseo de unirse, que aún cuando son dos cuerpos independientes, estos se entrelazan sin perder identidad para conformar un todo completo». Para este fin trabajó con tres materiales —madera, mármol y bronce— y con dos técnicas —el tallado y el modelado—. Conjunto ideacional que tiene un antecedente importante en la exposición individual titulada «Femenino/Masculino», realizada en la galería Cruz del Sur del Edificio Grupo Angelini, en junio de 2002.
El paso del tema del género femenino/masculino al de la pareja relaciona el concepto escultórico de Marcela siempre con el cuerpo, protagonista ineludible de la tridimensionalidad. En las obras expuestas, los cuerpos de los amantes en calce están sugeridos principalmente de dos maneras. En algunos el material cobra más importancia, como si la imagen oculta en él luchara por salir. En otras, el material es transformado en cuerpo-pareja. En el primer caso, el tema está más unido al material; y en el otro, a la forma. Esta diferencia se debe a las distintas cargas existentes en los tres materiales y sus procesos. La madera viene de los bosques, el mármol de las canteras y el bronce de la fundición.
La exposición «Amantes en calce», realizada en el año 2004 tuvo un signo evidente de que la identidad artística de Marcela Romagnoli encontraba un cauce, sin concesiones, porque las obras de arte son creaciones de la personalidad del artista y de lo que para ella resulta esencial: El amor.
[1] Folleto de presentación de CTC (1997). Exposición «La piedra en la escultura chilena», Santiago.