Marcela Romagnoli
Monumentales
Obra monumental y espacio urbano
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Conocí a Marcela Romagnoli el 2001, cuando ganó el concurso para ejecutar una escultura monumental para la Clínica Alemana. La obra,
titulada Árbol de vida, fue su primera escultura pública en Santiago. Con esta pieza se aumentó también el acervo escultórico del recinto hospitalario, ya que en 1989 se había emplazado con motivo de la inauguración del centro de diagnóstico la obra llamada Canto a la vida, de Marta Colvin, en el interior del acceso por Manquehue.
Árbol de vida forma parte de un nuevo tipo de escultura urbana, que le llamo «escultura institucional», y cuyo fin es incorporar arte en el interior o exterior de edificios. En la mayoría de los casos, el espacio disponible para las obras entre lo construido y la zona peatonal es escaso, hecho que impide apreciar bien la escultura. Uno de los méritos de la obra monumental de Marcela en la Clínica Alemana es su óptima adecuación al espacio circular donde se encuentra. Dos columnas de acero coronadas con dos figuras en bronce de tono verde con cuerpos encogidos como en posición fetal y con brazos estirados que se elevan hacia lo alto desde un espejo de agua ideado por los arquitectos a cargo de la remodelación.
La materialidad y tamaño de la obra escultórica está en plena armonía con la altura de la fachada del edificio y del logotipo de la clínica. El agua incorporada sale desde los pies de la figura más alta y toca al caer, casi imperceptiblemente, a la segunda figura, «comenzando así el proceso de abrirse al mundo», como señala la artista. El agua simboliza la vida y constituye, junto a la tierra, el aire y el fuego uno de los cuatro elementos físicos y espirituales del mundo. Las figuras en bronce confirman, por otra parte, el interés de la escultora por el ser humano. Árbol de vida da cuenta en términos monumentales y más «públicos» de esta constancia en su obra.
La escultura titulada Homenaje a Palladio, ubicada en el interior del hall de acceso al edificio Palladio y emplazada en el año 2000 en la comuna de Providencia, puede ser considerada como un antecedente del Árbol de vida. La idea básica es la misma, pero la factura es mucho más rústica: dos figuras reconocibles, femenina y masculina, talladas en madera por Marcela, coronan los remates de dos columnas también de madera, pero hechas por Cristián Salineros.
La obra monumental de Marcela Romagnoli tiene su antecedente en un trofeo destinado a las empresas y personas que se hayan destacado en el ámbito de la seguridad. El trofeo fue realizado a pedido en 1992, junto a la artista Soledad Vial, para el Servicio Nacional de Minería. Aunque no se trata de una obra a gran escala, lo histórico y lo simbólico del tema lo es: Manos que acogen y dan seguridad, da forma a una mina subterránea que protege a los trabajadores que viven en un peligro permanente.
Otra obra destinada para el uso y el espacio público fue el «banco escultórico» diseñado en 1995 por iniciativa de la Fundación Integra para el Hospital Roberto del Río de Santiago. El banco de Marcela, creado con trozos de cerámicas de colores y madera, forma parte de un proyecto más amplio llamado «Pintando con los niños», en que participaron ocho escultores y un grupo considerable de pintores.
En 1997 la artista fue invitada a crear el logotipo para la Viña Morandé en Pelequén. La monumental obra en acero de seis metros de diámetro está emplazada en sus jardines. La importancia de esta escultura reside en que su ejecución significó para Marcela el primer acercamiento al trabajo de maestranza y al quehacer de grandes formatos.
El tema anterior relacionado con la minería tuvo continuidad en el tiempo. En enero de 2001 ganó un concurso organizado por el Ministerio de Obras Públicas para realizar el Homenaje al minero del carbón en Curanilahue, región del Biobío. Al describir su proyecto, la escultora señala que «la obra alude al interior y exterior de una mina. Dos muros, en forma de un arco acogen al transeúnte transportándolo a su interior y al trabajo propio del minero del carbón. Los muros del material rocoso se representan con la gestualidad de dos manos verticales que casi se tocan a modo de proteger al trabajador en su dura y arriesgada labor. Homenaje desafiante que trae a la memoria la historia del carbón, a los seis mil mineros que trabajaron en la década de 1870 cerca de Concepción y a la novela Subterra de Baldomero Lillo».
En el sur se encuentra también otra obra ganadora de la artista, pensada para la unidad y la paz al comenzar el nuevo milenio. Se trata de dos esculturas monumentales —una Inmaculada Concepción y un San Pedro— con que Marcela Romagnoli ganó en mayo de 1999 el concurso organizado por el Arzobispado de Concepción para la creación de dos piezas a los costados del puente Llacolén del río Biobío. La construcción de las monumentales estructuras de ferrocemento de doce metros de altura fue imborrable para la escultora: «El proceso de ejecución quedará eternamente en mi corazón. Fue una experiencia inolvidable y francamente agotadora. Dí todo de mí y me vi obligada a superar los tremendos miedos internos por dejar ahí en el río dos esculturas que se presentarán en la retina de quienes transiten por el principal puente de Concepción».
Luego de las obras de puente, Marcela crea dos monumentales para el espacio interior de Mall Plaza Trébol de la misma ciudad penquista. Equilibrio de dos y Encuentros lúdicos recuerdan la materialidad utilizada para la obra de la Clínica Alemana: acero inoxidable y bronce, además de estar emplazadas sobre piletas de agua en movimiento. Tambien vuelven a la memoria los gestos lúdicos de las obras creadas en los años noventa, donde las figuras vuelan al viento y se equilibran colgando de péndulos.
En el año 2006 la artista es invitada por galería Cecilia Palma a participar de un concurso cerrado para la realización de una obra urbana emplazada a los pies del edificio corporativo de la Compañía de Cervecerías Unidas (CCU), en Providencia. Luego de una preselección de obras, Marcela gana el primer lugar con Unidos, un conjunto escultórico compuesto por 32 piezas que sería instalado en la plaza del edificio abierta a todos los transeúntes y, por tanto, incorporada al patrimonio cultural e iconográfico de la ciudad.
La obra Unidos es de gran significación para la artista tanto por su envergadura como por su materialidad y emplazamiento. Marcela Fue directamente a las canteras de mármol en Carrara, Italia, a escoger los dos bloques que forman la pareja central del conjunto escultórico, cada uno de doce toneladas. Las treinta réplicas de la pieza central fueron realizadas en fierro fundido lacado negro grafito y están emplazadas como si fueran una constelación creciente alrededor de la pareja de mármol. Es aquí donde se hace presente con fuerza el tema que hoy moviliza a la escultora: la unicidad y multiplicidad del ser. «Somos únicos, pero a la vez somos miles. Todos nacemos de un origen divino y todos volveremos a él», asegura la artista.
Del existencialismo volvemos a lo lúdico y liviano con cinco nuevas obras monumentales que Marcela crea y emplaza entre los años 2007 y 2009 en los centros comerciales de Mall Plaza (Oeste, Vespucio, Tobalaba y Alameda). Las obras tiene el común denominador de la figura humana, donde hombre y mujer se desplazan en el espacio volando al viento o corriendo sobre el agua.
Y sus obras a gran escala continúan al obtener el año 2012 el primer lugar en el concurso de escultura monumental organizado por la Municipalidad de Puerto Natales, región de Magallanes, con su obra Amores de viento en Natales, un homenaje al viento de la Patagonia. Esta obra pasó a ser un ícono tanto para natalinos como turistas que se fotografían con este monumento emplazado en un lugar privilegiado de la costanera frente al Fiordo Última Esperaza y con vista a las Torres del Paine.
En el año 2016, Marcela es distinguida con el primer lugar del concurso organizado por la Dirección de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas —en conjunto con la Comisión Nemesio Antúnez y la Coordinación de Concesiones de Obras Públicas— en el marco de la obra concesionada Ruta 5 Tramo Puerto Montt- Pargua, en la región de Los Lagos, donde convocaron a artistas nacionales con el propósito de seleccionar una intervención artística que se incorporase en dicho sector. La escultora se adjudicó el enlace Chayahue del tramo Puerto Montt-Pargua con la obra Contracorriente, compuesta por seis canoeros que reman y cazan sobre sus embarcaciones como si fuese un cardumen que avanza contra la corriente. De bronce y acero, este conjunto escultórico se emplaza sobre una platabanda de 2.600 m2 entre carreteras y une al hombre antiguo con el moderno hacia rumbos tan desafiantes como desconocidos.
Es indiscutible que Marcela es una apasionada del trabajo monumental y urbano, ya que ahí une arte e ingeniería, pasado y futuro, hombre y mujer, dualidades presentes de forma constante en su trabajo y que muestran el interior de una artista que rema hacia la dirección donde su instinto la lleva, sin que los obstáculos sean pretextos para detenerse.

















